Yolanda también quiso despedirse.

Publicado por precopes

Querida Tere:
La verdad que no sé como comenzar a escribirte lo que viene siendo una despedida.
Cuando os conocemos y por fin nos hacemos a teneros cerca, es muy difícil pensar que os podéis marchar a otra casa, a otro proyecto, en fin y en definitiva, lejos de nuestras vidas y el día a día.
Para ti, solo tengo palabras de agradecimiento, de admiración y de cariño. Cuando llegaste a Zaragoza de nuevo, la verdad, es que no supimos comprenderte a la primera. Ahora, años más tarde, siento toda la suerte que tuvimos, que tuve, de ser de las primeras en trabajar contigo.
La verdad, es que se tercian un montón de palabras bonitas, pero hoy, desde mi castillo, voy a ser quien te recuerde como “Tere, la mujer en realidad”, porque a eso tampoco te gana nadie.
El día que te conocí, la primera impresión fue un poco como: “¿seguro qué ésta sor será capaz de disfrazarse como Angelines?”. Y a partir de ahí, pues bueno, evidentemente no te llegaste a disfrazar, pero hiciste un papel importante usando tus súper poderes de persuasión y diplomacia. Una cosa llevo a la otra y terminaste siendo la “Señora”. Descubrimos que no tienes ningún miedo a socarrarte con el personal, que no está mal una vez coges confianza. Nunca te disfrazaste, pero nos has acompañado a un sin fin de lugares, aunque debido a tus “dolencias y/o molestias”, acabaras durmiendo en una camita con las sores. Contigo de la mano, han salido los teatros más hilarantes sobre salesianas. Gracias a tus consejos, nunca nos sacaron a tomatazos del escenario. A partir de entonces pasaste a ser “Ama Rosa”, por tus resabidas moralinas y por no soportar no tener la última palabra.
Has cantado como los ángeles agudos, has bailado como cualquier hijo de vecino y te has reído hasta de nuestros chistes malos. Has hablado en “euskera” cuando te lo hemos pedido, has sido pañuelo de lágrimas y chaqueta del “Cuéntame”. Nos has dado buenas noticias y también algún disgustillo. Nos has embarcado en maravillosas aventuras y nos has metido en verdaderos embolados. Nos has escuchado y comprendido, llegando a ganarte nuestra confianza casi, casi desde el primer día. En alguna ocasión tonta, también nos has delatado, ¿pero quien se enfada contigo?, si eres como nuestra madre adoptiva. Fuiste muy valiente al contarnos como te rompiste la muñeca, ya nos conoces, hacemos una película de cualquier anécdota.
Yo no se tú, pero para mi, esto es amor e implicación. Sí que está bien tener unas antiguas alumnas en el bombardero, pero si la capitana del buque eres tú, solo dinos cuando levamos anclas.

Gracias por querernos tanto.



Yolanda